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investigación

¿Y si lo digital se volviera invisible cuando está realmente integrado en el aula?

¿Y si la mejor prueba de una integración exitosa de lo digital fuera que acabáramos por dejar de verlo?

Aurélie Julien
Last updated: 22 septembre 2026 19h21
Aurélie Julien
Published: 22 septembre 2026
7 Views
12 Min Read
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¿Y si la mejor prueba de una integración exitosa de lo digital fuera que acabáramos por dejar de verlo?

Al observar a dos profesoras miembros de la red Ludovia, el trabajo de investigación de Patrice Cuperty muestra que, en el aula, las principales preocupaciones siguen siendo, ante todo, pedagógicas.

Una investigación nacida en la Universidad de Verano y que, un año más tarde, volvió para confrontar sus resultados con los intercambios de su Coloquio Científico.

Presentado en julio de 2026 en el marco del Máster 2 en Ciencias de la Educación y de la Formación de la Universidad Toulouse – Jean-Jaurès, el trabajo de investigación de Patrice Cuperty lleva un título muy académico: La apropiación de las tecnologías digitales por parte del profesorado de educación secundaria – Un análisis de la actividad en el aula de dos profesoras miembros de la red Ludovia.

Sin embargo, detrás de este título se esconde una pregunta muy concreta: ¿qué hacen realmente, en sus aulas, unas profesoras especialmente familiarizadas con las tecnologías digitales?

Para responder a esta pregunta, Patrice Cuperty no se limitó a preguntar al profesorado sobre sus prácticas. Fue a observarlas directamente en situación.

De Ludovia al aula

El punto de partida de la investigación es Ludovia. La Universidad de Verano dedicada a la educación digital constituye, desde hace más de veinte años, un lugar de encuentro entre docentes, investigadores, administraciones locales, instituciones, asociaciones y actores de la EdTech. Patrice Cuperty destaca especialmente aquello que diferencia este evento de una formación institucional clásica: libre circulación entre los talleres, intercambios informales, participación voluntaria y, sobre todo, transmisión entre iguales.

Esta «horizontalidad» reivindicada forma parte del ADN de Ludovia. Los docentes acuden para presentar prácticas concretas, descubrir las de otros compañeros, intercambiar experiencias y, eventualmente, continuar sus propias investigaciones y adaptar a su contexto las ideas descubiertas.

Ludovia aparece también en el trabajo como una red profesional. Algunos docentes implicados en el ámbito digital pueden sentirse relativamente aislados en sus centros educativos, pero encuentran en Ax-les-Thermes una comunidad que comparte sus inquietudes y sus prácticas.

Es precisamente esta población la que interesa al investigador. Porque quienes participan en Ludovia no son necesariamente representativos del conjunto del profesorado: suelen estar especialmente implicados en los usos pedagógicos de las tecnologías digitales.

Observar el trabajo real en lugar de los discursos

Patrice Cuperty decide, por tanto, seguir a dos profesoras experimentadas de educación secundaria que han participado en Ludovia: una enseña Lengua y Literatura Francesas en un centro de secundaria y la otra Historia y Geografía en un instituto.

Su método consiste en grabar una sesión y volver a verla posteriormente con cada una de las profesoras durante una entrevista de autoconfrontación. El objetivo no es preguntarles si están «a favor» o «en contra» de las tecnologías digitales, ni siquiera elaborar una lista de las herramientas que utilizan.

Se trata, más bien, de comprender qué les preocupa realmente cuando enseñan: ¿a qué prestan atención? ¿Por qué intervienen con un grupo determinado? ¿Qué intentan conseguir cuando utilizan un soporte concreto?

Este enfoque permite desplazar la mirada desde la herramienta hacia la actividad real del docente.

Y lo digital está muy presente.

IA generativa, ENT —entorno digital de trabajo—, Digipad, tabletas, teléfonos inteligentes, ordenadores, proyector, códigos QR, software para formar grupos, temporizador digital… Las dos sesiones observadas movilizan una cantidad importante de herramientas y recursos digitales. A diferencia de buena parte del profesorado, que utiliza principalmente las tecnologías digitales previamente para preparar sus clases, las dos profesoras estudiadas las integran directamente en el desarrollo de la sesión.

Pero es precisamente aquí donde la investigación se vuelve interesante.

Lo digital no es la principal preocupación de las profesoras

Porque cuando se pregunta a las profesoras qué les preocupa durante sus clases, lo digital pasa a un segundo plano.

El resultado que el propio Patrice Cuperty considera más sorprendente es muy claro: sus principales preocupaciones se centran en el trabajo producido por los alumnos, el funcionamiento de los grupos, la atención a la diversidad, el respeto del tiempo disponible o la recuperación de los trabajos realizados.

En otras palabras, no parecen estar pensando constantemente: «Estoy utilizando herramientas digitales».

Más bien piensan: ¿Cómo hago para que funcione este grupo? ¿Está participando este alumno? ¿Terminarán a tiempo? ¿Cómo recupero su trabajo?

Lo digital se convierte entonces en un medio más para responder a estas preocupaciones.

Un programa informático permite, por ejemplo, formar grupos de manera aleatoria. Pero lo importante para la profesora no es el programa en sí: se trata, entre otras cosas, de reducir las tensiones relacionadas con la formación de los grupos. En este caso, lo digital está al servicio de una estrategia pedagógica y organizativa.

¿Papel o digital? ¡Los dos!

Otra enseñanza interesante: lo digital no sustituye a las herramientas anteriores.

En las aulas observadas, convive con hojas de instrucciones, diccionarios, manuales Bescherelle, fundas de plástico, bandejas y trabajos manuscritos.

Un alumno puede entregar su trabajo a través del ENT mientras otro lo entrega en papel. Un recurso puede estar disponible mediante un código QR mientras las instrucciones siguen impresas. La pizarra blanca se convierte en pantalla de proyección para mostrar un temporizador o el ENT.

Por tanto, el trabajo del docente consiste menos en elegir entre lo digital y lo no digital que en orquestar un conjunto de artefactos.

Esta observación lleva a relativizar la idea de un «aula digital» que funcionaría en ruptura con el aula tradicional.

Lo digital viene más bien a ocupar su lugar en un entorno que ya está lleno de herramientas.

Un recurso… y una limitación

El trabajo evita también una lectura tecnófila según la cual lo digital simplificaría mecánicamente la labor docente.

En efecto, puede ampliar el abanico de posibilidades: multiplicar los recursos disponibles, facilitar determinadas entregas, permitir el acceso a diferentes materiales o responder a las necesidades específicas de determinados alumnos.

Pero cada nueva herramienta genera también sus propias limitaciones.

Hay que conocer varios sistemas operativos, anticipar los problemas técnicos, explicar a los alumnos cómo enviar un documento, gestionar los códigos QR o adaptarse a las limitaciones del material disponible.

Uno de los ejemplos recogidos resulta especialmente revelador: una profesora utiliza un temporizador mecánico porque la proyección en la pizarra ya está siendo utilizada por otras herramientas digitales.

Lo digital, por tanto, no elimina las limitaciones: las transforma.

El trabajo concluye así que resulta difícil afirmar que las tecnologías digitales faciliten el trabajo real de los docentes. Más bien hacen evolucionar simultáneamente sus recursos y sus limitaciones.

¿Y si la verdadera apropiación consistiera en dejar de ver la herramienta?

Patrice Cuperty plantea entonces una hipótesis especialmente sugerente: en estas profesoras experimentadas, las tecnologías digitales habrían alcanzado un alto nivel de incorporación.

La herramienta se domina lo suficiente como para dejar de monopolizar la atención.

En el caso de un usuario principiante, una parte importante de la actividad puede estar dedicada al funcionamiento de la herramienta: ¿funcionará? ¿Cómo se inicia la aplicación? ¿Cómo se comparte el documento?

En las dos profesoras observadas, estas preocupaciones pasan a ser secundarias. Su atención puede seguir centrada en los alumnos, los grupos y la actividad pedagógica.

Tal vez esta sea una de las principales enseñanzas de esta investigación para la educación digital: el éxito de su apropiación no se mide necesariamente por el lugar que ocupa en el discurso del docente. Al contrario, podría revelarse precisamente cuando deja de constituir una preocupación en sí misma.

Entonces, ¿qué «efecto Ludovia» existe?

Queda, evidentemente, una pregunta que interesará especialmente a los lectores de Ludomag: ¿está esta apropiación relacionada con Ludovia?

En este punto, Patrice Cuperty se muestra prudente.

Su investigación se centra en dos profesoras y su metodología no permite aislar un «efecto Ludovia» entre todas las fuentes de desarrollo profesional: formaciones institucionales, autoformación, intercambios con compañeros, redes sociales, asociaciones pedagógicas, experiencia acumulada a lo largo de los años…

Durante la presentación de la investigación en el Coloquio Científico de Ludovia 2025, se le plantea directamente la pregunta: ¿aporta Ludovia un valor añadido?

Desde un punto de vista científico, el trabajo no permite medirlo.

Pero el testimonio de una de las profesoras abre otra vía.

Describe Ludovia como «la sala de profesores que yo elijo»: un espacio que le permite encontrarse con otros docentes, alimentar su reflexión y sentirse menos sola en su centro educativo. Explica también que estos intercambios refuerzan su legitimidad para integrar de manera razonada las herramientas digitales en su práctica.

Por tanto, la función de Ludovia quizá no consista únicamente en aprender a utilizar nuevas herramientas.

También podría desempeñar una función social y profesional: crear un colectivo, favorecer la circulación de prácticas, contrastar experiencias y ofrecer al profesorado la oportunidad de construir progresivamente sus propios usos.

De la innovación digital a la pedagogía

Presentados en el Coloquio Científico de Ludovia en agosto de 2025, los resultados de Patrice Cuperty coincidieron además con investigaciones anteriores: los intercambios convergieron hacia una relativización de la aportación de las tecnologías digitales consideradas de forma aislada, en favor de una reflexión sobre la pedagogía que las integra.

Y este es probablemente el aspecto paradójico más interesante de este trabajo dedicado a la educación digital.

Después de observar a profesoras que utilizan numerosas herramientas digitales, Patrice Cuperty llega finalmente a una investigación que habla, sobre todo… de pedagogía.

Lo digital está presente en todas partes en las sesiones observadas. Pero detrás de las tabletas, el ENT, la IA, los códigos QR o el proyector permanecen las mismas preocupaciones profesionales: hacer trabajar a los alumnos, mantener su atención, atender a la diversidad, organizar el grupo, gestionar el tiempo y recoger los trabajos realizados.

A medida que se integra y se hace propio, lo digital no desaparece del aula. Simplemente deja de ser el tema principal.

Y quizá sea precisamente en ese momento cuando se convierte verdaderamente en una herramienta pedagógica.

Más información:

Acceder al trabajo de investigación de Patrice Cuperty

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ByAurélie Julien
Editora de la revista Ludovia y responsable del proyecto LUDOVIA, Universidad Educativa Digital de Verano. Producción de artículos y videos sobre todo lo relacionado con la educación digital.
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