En un instituto rural del departamento de Eure, en Normandía, una docente de SEGPA experimenta con la Inteligencia Artificial para aligerar una tarea que consume mucho tiempo: la redacción de los comentarios finales en los boletines de evaluación. Un uso pragmático, asumido y encuadrado, que invita a reflexionar sobre la relación del profesorado con estas nuevas herramientas.
Redactar los comentarios finales del boletín es una misión inevitable para los tutores de grupo, pero a menudo se vive como un auténtico maratón. Para Nadège Le-Nir, profesora en SEGPA en un centro de Eure y referente digital, esta realidad fue el detonante.
«Ya no tenía tiempo para pasar horas y horas redactando los comentarios finales», explica.
Ante esta limitación, decidió explorar una vía todavía sensible en el mundo educativo: la Inteligencia Artificial.
Una herramienta para aliviar, no para sustituir
Lejos de una automatización ciega, la docente reivindica un enfoque mesurado. La IA se utiliza como apoyo a la redacción, nunca como sustituto del juicio pedagógico.
«Mi política es no copiar al 100 % lo que produce la máquina, sino aportar mi sello de docente, mi enfoque pedagógico y, sobre todo, humano», insiste.
En la práctica, Nadège Le-Nir formula solicitudes muy precisas: contexto SEGPA, perfil del alumno, tono benevolente y número limitado de palabras. La IA genera entonces un primer borrador, que posteriormente es revisado y ajustado por la profesora.
El ahorro de tiempo está en la formulación de las frases, en la estructura, en la síntesis. Descarga la mente.»
De cuatro horas a una: un cambio de escala
Como tutora de un grupo de cuarto curso de SEGPA con 16 o 17 alumnos, Nadège Le-Nir dedicaba antes entre tres y cuatro horas a la redacción completa de los boletines. Lectura atenta de las observaciones de los compañeros, coherencia global, búsqueda del tono adecuado: un trabajo exigente y mentalmente costoso.
Hoy, gracias a la IA, ese tiempo se reduce a aproximadamente una hora.
«En una vida muy ocupada, es bastante agradable», sonríe, destacando un beneficio poco mencionado en los debates sobre lo digital: el tiempo liberado para otras misiones pedagógicas o, simplemente, para respirar.
IA estadounidense, soluciones europeas y marco RGPD
Como referente digital, la docente también reflexionó sobre las herramientas utilizadas. Tras probar soluciones de uso general, se orientó hacia alternativas europeas o integradas en entornos ya conocidos por la Educación Nacional: Mistral, Copilot, herramientas de IA integradas en Pearltrees o motores de búsqueda más respetuosos con el RGPD como DuckDuckGo.
Una elección que refleja una preocupación creciente en los centros: conciliar innovación, protección de datos y marco institucional.
Alumnado indiferente, compañeros inquietos
Si el uso de la IA no generó reacciones particulares entre el alumnado ni preguntas por parte de las familias, la sorpresa vino del lado del profesorado. En un entorno rural, donde los equipos suelen ser estables y experimentados, la IA puede generar inquietud.
«Da mucho miedo», reconoce la docente, que se enfrentó a algunas reticencias.
Un contexto que, según ella, refuerza la necesidad de un trabajo pedagógico también entre adultos.
Hay que tranquilizar: no, la IA no va a sustituirnos. Sí, siempre necesitaremos lo humano. Somos los únicos que conocemos realmente a nuestros alumnos, sus esfuerzos y su trayectoria.»
Un reto colectivo más que tecnológico
Más allá de los boletines escolares, la experiencia de Nadège Le-Nir plantea una cuestión más amplia: la apropiación colectiva de la IA en el sistema educativo. Lejos de discursos alarmistas o tecnosolucionistas, su testimonio pone de relieve un uso pragmático, reflexivo y profundamente arraigado en la realidad del oficio docente.
«La IA es una herramienta de apoyo», resume.
Una herramienta que, bien utilizada, puede devolver tiempo al profesorado sin borrar jamás lo esencial: la relación humana y el conocimiento profundo del alumnado.
Gracias a Nadège Le-Nir por su contribución.

